viernes, 31 de julio de 2009

Mitología


Los nuevos Sísifos

Expectativas que producen desdichas
por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@yahoo.com.ar


Por más que se le dé vuelta, a lo hora de ejemplificar, en psicología, no hay nada mejor que pedirle ayuda a la mitología griega. El mito al que haré referencia narra el castigo aplicado por Júpiter a Sísifo, quien lo envía a los Infiernos, de donde logra escapar por medio de una artimaña. Al ser descubierto, Hermes es el encargado de devolverlo, mas, esta vez, con un castigo de por vida. En el infierno, Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba, por una ladera empinada, pero, antes de que alcanzase la cima de la colina, la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Ni más ni menos, su castigo era realizar un trabajo inútil e inalcanzable.

Desde otro lugar, Albert Camus utiliza este mito como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre moderno, que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas. Tema que daría para otro artículo.

Expectativa es la valoración subjetiva de la posibilidad de alcanzar un objetivo particular. Albert Bandura concede a las expectativas una importancia crucial para entender conductas de éxitos y fracasos. Distingue entre expectativas de autoeficacia y de resultados. Las primeras responden a la confianza de que cada uno pueda poner en acción la conducta precisa para conseguir un objetivo, y las segundas atañen a la confianza de que una determinada conducta proporcione un determinado resultado una vez realizada. No queda fuera de esto la influencia de la experiencia propia y la experiencia del entorno.

Aunque se crea lo contrario, las personas no siempre persiguen, con más probabilidad, metas y objetivos que piensan que tienen gran posibilidad de alcanzarlos. Esto es lo que postula el famoso refrán popular “pedirle peras al olmo”. Algo así como demandar a los otros, a la realidad, cosas que no van a ser otorgadas, bajo la creencia de que una conducta particular producirá un resultado particular.

Para Claudio García Pintos, logoterapeuta, la vida transcurre entre ineludibles momentos que se presentan como “citas a ciegas”, inquietantes encuentros en los que se debe debatir entre las expectativas y la desilusión.

Es interesante la mirada de Jorge Bucay, psiquiatra y psicólogo gestáltico, sobre este tema. En su libro Camino a la felicidad, afirma: “Yo no estoy seguro de cuál es la fórmula para ser feliz. Pero parece estar claro que hay una fórmula para la desdicha, la fórmula de la infelicidad. Esa fórmula se podría esbozar hasta matemáticamente. Esto sería ‘D’ (desdicha) es igual a ‘E’ (Expectativas) menos ‘R’ (realidad). Es decir, cuanto menor sea la realidad que me toca vivir comparada con mis expectativas respecto de la realidad, también la desdicha será mayor, ¿está claro? Solamente cuando la realidad se iguala a la expectativa, la desdicha cae. Y mucho más se supera. Esta fórmula, universalmente aceptada por nuestra cultura, y enseñada con otras palabras, es la garantía de la infelicidad”.

A veces, las expectativas pueden jugar como “boicoteos”. Un pretexto para decirse a sí mismo que no se es apto para alcanzar lo deseado. Estos casos ocurren cuando se eligen metas imposibles de conseguir. O lograda una meta, inmediatamente buscar otra, lo cual instala, a la persona, en una eterna insatisfacción. En ocasiones, se exige a otros, en la pareja o amistad, expectativas demasiado altas o inalcanzables, que, al no obtenerlas, son causa de desdicha y enojo. Esto, también, sucede en las relaciones laborales: tanto en lo que se espera de un empleado como en lo que el empleado espera de ciertas conductas de los jefes, de una institución o de una empresa.

Acomodar las expectativas a la realidad no significa dejar de lado las ambiciones personales, sino saber encontrar el justo equilibrio entre lo que es y lo que jamás será. Es, en muchos casos, uno de los grandes méritos de haber madurado como persona y no convertirse en un Sísifo acarreando “piedras inútiles”, que no le permitirán ser feliz.

http://www.san-pablo.com.ar/rol/?seccion=articulos&id=2513

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